El pasado martes 30 de mayo se realizó la conferencia Desigualdad de Género en la Economía, a cargo de la economista Mercedes D´Alessandro, que contó con los aportes locales de la abogada Alejandra Pérez Scalzi y la licenciada Cecilia Magnano. La disertación fue presentada por el Decano de nuestra Facultad, Mgter. Jhon Boretto, que celebró la inclusión de estos temas en actividades universitarias, dada la vigencia e importancia de ponerlos en discusión en espacios de pluralidad e intercambio de ideas

La abogada Pérez Scalzi comenzó comentando la dificultad de incorporar la perspectiva de género en el ámbito del derecho, así como diversos casos en que las normas han contribuido a legitimar la desigualdad imperante. En este sentido, realizó un nutrido relato del camino recorrido hasta lograr la inclusión de estos temas en materias de la currícula de la Facultad de Derecho de nuestra Universidad.

A continuación, Cecilia Magnano, licenciada en Ciencias Políticas e investigadora de nuestra Facultad, introdujo datos relativos al currículum de la conferencista junto a una eximia reseña de su primer libro, denominado "Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)". Sus comentarios revisaron la trayectoria de Mercedes D’Alessandro, quien fundó junto con otras economistas en 2015 el espacio Economía Femini(s)ta dedicado a la producción y organización de información económica con perspectiva de género, y a su difusión a través de distintas plataformas que incluyen un sitio web y cuentas en las distintas redes sociales, así como una amplia participación en la prensa escrita, radio y televisión. 

En este sentido, Cecilia comentó que el libro de D´Alessandro sintetiza la labor colectiva realizada desde este espacio, contribuyendo a hacer visible un la desigualdad de género en la economía, un fenómeno con profundas raíces en la estructura del sistema económico pero también en aspectos culturales y sociales entre los que se encuentran prejuicios y estereotipos, tradiciones arraigadas, roles de género y sexismo. Luego brindó datos claros y precisos extraídos de la obra mencionada: a partir de la segunda mitad del siglo XX se ha incrementado la participación de las mujeres en el mercado de trabajo asalariado. En los años ‘60, 2 de cada 10 mujeres trabajaban fuera del hogar y actualmente son 7 de cada 10, de la mano de un ascenso en el nivel educativo que supera en muchos casos los niveles formativos de los hombres. Sin embargo, la participación de las mujeres en el mercado de trabajo está atravesada por la desigualdad.

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Por un lado, persiste una desigualdad salarial entre varones y mujeres denominada “brecha salarial”. A nivel mundial las mujeres ganan en promedio un 25 por ciento menos que los varones, mientras que en Argentina la brecha es del 27 por ciento. Esta desigualdad salarial es aún mayor en los cargos jerárquicos (30 por ciento) y especialmente crítica para las mujeres que trabajan en empleos informales (40 por ciento) en situación de mayor desprotección e inestabilidad laboral. Si bien la brecha se viene reduciendo en los últimos 50 años, no hay señales alentadoras de que pueda suprimirse completamente en el corto plazo. Por otro lado, la brecha se manifiesta también en una segmentación por tipo de trabajo. Hay una mayor presencia de las mujeres en profesiones y ocupaciones tradicionalmente consideradas femeninas: empleadas domésticas, enfermeras, docentes, que son por lo general peor pagas. Ese sesgo se entiende como “paredes de cristal” y refiere a los mecanismos que impiden el desempeño indistinto de varones y mujeres en distintos tipos de trabajo. Existen además otros mecanismos que impiden a las mujeres acceder a posiciones jerárquicas, tanto en las empresas privadas, como en los cargos públicos y los sistemas científicos. Estos mecanismos se constituyen en un “techo” visible, pero difícil de atravesar: un “techo de cristal”. 

Las asimetrías se replican en el campo político, tanto en los cargos legislativos, ejecutivos y judiciales; así como en el científico: pese a que la mayor parte de los estudiantes y graduados de carreras universitarias en el mundo son mujeres, su participación en el sistema científico se concentra en los cargos de menor jerarquía y peor pagos. El libro expone datos sobre el CONICET, en donde mientras casi el 60 por ciento de los becarios son mujeres, apenas un 25 por ciento son investigadoras de nivel principal o superior. El campo empresarial tampoco está exento de las desigualdades de género, donde solo el 4 por ciento de las empresas más grandes del mundo están dirigidas por una mujer. Es significativa la ausencia de las mujeres en la dirección de las empresas, pero también en las cúpulas sindicales y de organizaciones empresarias.

Mercedes D´Alessandro pasó revista en su disertación a todos estos datos y problematizó múltiples aspectos como el papel de la maternidad y del trabajo doméstico como elemento central para entender las desigualdades de género y también para pensar la economía de otro modo. Sus aportes consideraron que en el hogar también hay trabajo pero no tiene remuneración salarial y se ha mantenido invisibilizado en las cifras económicas. Además no está equitativamente distribuido, sino que recae fundamentalmente en las mujeres: en Argentina, el 76 por ciento de esas tareas está a cargo de las mujeres, con un promedio de entre 4 y 6 horas diarias dedicadas a estas labores (el doble de lo que dedican los varones). Estos argumentos se profundizan al poner en juego el rol de la maternidad en la distribución del trabajo productivo y reproductivo. La conferencista comentó que el reparto desigual de las tareas domésticas y reproductivas tiene múltiples derivaciones: en primer lugar, funda la asimetría en las oportunidades laborales de varones y mujeres. El hecho de que las mujeres estén ligadas mayoritariamente a este trabajo doméstico hace que trabajen menos afuera del hogar, con empleos más precarios y eso significa que ganen menos también. Por otro lado, la dedicación a las tareas domésticas enfrenta en muchos casos a las mujeres a una doble jornada laboral.

 

El trabajo de Mercedes plantea una serie de problemáticas que se manifiestan en sus implicancias económicas, en la medida en que se refieren a cómo se distribuye y organiza la producción y la reproducción en nuestra sociedad. D´Alessandro manifestó que pese a ser un problema económico, durante largo tiempo la Economía ha omitido estos temas, desconociendo una de las cuestiones fundamentales de la desigualdad. Desde esta perspectiva, su propuesta interroga especialmente a la comunidad académica, donde la generación de conocimiento crítico y activo respecto a estos temas puede servir para comenzar a construir una sociedad más igualitaria. 

El evento fue coorganizado por el Programa Género de la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNC y la Facultad de Ciencias Económicas, con el objetivo generar un espacio de análisis y debate sobre la desigualdad de género en la economía al interior de la universidad. Contó con un espacio de preguntas por parte del público en el que se produjo un rico intercambio con las disertantes, cumpliendo con creces el objetivo propuesto.

> Algunas imágenes de la actividad:

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Antes de la conferencia, las disertantes se reunieron con autoridades de la Facultad y luego Mercedes D´Alessandro brindó varias entrevistas a medios de comunicación locales.

>Ver La pobreza es sexista, en La Voz del Interior